Momentos de tranquilidad
Estos momentos en los que siento realmente tranquilidad son muy escasos.
Casi siempre ocurren los días antes a incorporarme de nuevo al trabajo. Le he dado mucha vueltas al asunto y he llegado a la conclusión de que mi cerebro lo hace para que me cueste mucho más comenzar la rutina al día siguiente.
No debería ser así. Es como un castigo anticipado por disfrutar de unos momentos.
Por ejemplo, ahora mismo estoy sentado al Sol disfrutando de las vistas en el campo. Estoy tranquilo, sereno, no pienso en nada y lo cierto es que me reconforta mucho.
Son este tipo de cosas simples las que me dan energías. Me recargan.
Tengo muchas ganas de volver a sentirme mucho mejor, mentalmente fuerte y más animado.