¿Para qué si...?
Eso es lo que me suelo repetir una y otra vez cuando quiero algo.
Si me gusta algo suelo dar muchas vueltas a la cabeza para buscar todos sus puntos negativos y así desmotivarme.
Siempre he sido de esta manera. Es triste, pero mi cabeza funciona así.
¿Para qué si...?
- Todavía funciona.
- Es demasiado caro.
- No lo necesito.
- Igual me puedo apañar con esto que ya tengo.
- Dentro de poco seguro que baja de precio.
Y así hasta aburrirme.